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La magia del 65. Su aterrizaje en el sello Regal-Odeón es providencial. En esos años grabar rock & roll en la casa Regal –y su considerable nivel técnico– supone circular por autopistas y ver al resto de la panda hacerlo por vías secundarias. Y si a ello se une el excelente momento de compenetración entre grupo y solista el resultado es inmaculado, un brillante tour de force que muestra al cantante, acompañado por unos Rockeros de irreprochable precisión, disfrutar creando un sonido que se mueve entre sus raíces y los nuevos vientos que ahora vienen de Inglaterra, en esa gozosa confusión en que se movía tan cómodamente el pop hispano de la época. El catálogo de portentos ajenos hechos propios que más llega al público abarca desde el rock clásico de Chuck Berry (“Carol”, “Memphis Tennesee”) o Gene Vincent (“Be-bop-a-lula”, “Say mama” ) hasta el beat y el rhythm & blues de The Animals (un “House of the rising sun” sin órgano, “Don’t let me be misunderstood”) o The Searchers (“Sweets for my sweet”), aunque aparecen por primera vez espléndidos temas propios compuestos por el propio Bruno en clave beat como “Ahora sé”, “Es posible” o “ Anoche la vi”.
Pero aún hay más, inopinadamente –si nos olvidamos (¿?) cómo había cantando dos años antes la entrañable “Recuerdo de verano” con los Top-Son–, aparece su faceta como baladista de impetuoso aliento romántico y las sorpresas de “Melancolía” (de Peppino di Capri) o “Dónde estarás” (de Jackie Trent) no hacen sino añadir un motivo más de rendición incondicional. Y es que lo que el amigo Lomas conseguía de baladas tales como el “Cry” de Johnny Ray o el “Perdóname, amigo” de Johnny “Guitar” Watson (que él quizás recogería a través del cover de Johnny Hallyday) es de auténtico pata negra. Incluso va y le dio por componer una de ellas, la nostálgica y sensacional “Verano llegó” que no tardó nada en convertirse en un nuevo hit de cualquier guateque que se preciase. ¡Qué noche la de aquel año!
Signos de distinción: El Bruno autor
En la burocratizada industria musical española de mitad de los 60 componer no era plato reservado a los solistas. Grabar una canción propia y lograr que ésta figurase en lugar destacado únicamente se pudo dar con determinados grupos estrella. Éstos, generalmente, podían incluir alguna cara B propia entre las versiones habitualmente impuestas por la discográfica. Pero para los solistas, en cambio, cada casa disponía de una amplia batería de estupendos compositores que se adaptaban con más o menos facilidad al registro de cada cantante. Pues bien, en esos años, ningún compañero de generación de Bruno –y las chicas aún mucho menos– se saltó la norma excepto él, claro. Y cómo. Baste decir que únicamente en su periplo dorado por el sello Regal-Odeón, desde el 65 al 68, Bruno compuso 18 temas. Se dice pronto.
Variadas canciones de amplios y distintos registros musicales, algunos ya comentados, la mayoría buscando definiciones adolescentes en los que aparecía con sinceridad no exenta de brillantez su visión hedonista y bullanguera de los sixties, sus ambientes y sus relaciones. A menudo el autor lograba un nivel de proximidad generacional con lo que estaba describiendo muy superior al conseguido por los compositores oficiales, y en ese sentido los muchos hallazgos que contienen gemas como “Verano llegó”, “Eres mi chica soñada” (1965) o “Ayer cumpliste los 16” (1966), inspirados retratos juveniles que lo emparentaban con la poesía detallista de los clásicos de Chuck Berry, eran –y lo continúan siendo– todo un lujo. Tampoco le iba a la zaga su atrevimiento al introducir en los textos referencias locales reales de su ciudad: calles como la Gran Vía o la calle de la Paz, clubs de moda como el Whisky A-Go-Go, e incluso nombres de personajes, logrando un mayor grado de identificación con el oyente. En cualquier caso, un hecho excepcional en la España ye-yé de los 60.
El otro gran signo de distinción de Bruno fue lo enorme de su grupo de acompañamiento, los estupendos Rockeros. Capitaneados por el excelente guitarrista y compositor Joaquín M. “Cuco” Villanueva, y con Sento Bug, Pascual “Pipo” Cortés y Lucho Segarra (sustituido luego por el ex Rangers Gali Marcos), todos de la primera y mítica formación, empezaron como cualquier otro grupo instrumental nacional o europeo de esos años, imitando a los Shadows y reverenciando a Hank Marvin como el gran boss de la guitarra eléctrica. Con Bruno, desde la aventura gala hasta su separación en el 66, y en las estupendas grabaciones en solitario que comenzaron a editar al mismo tiempo que aparecían las del jefe, el grupo comenzó a mostrar atractivos atisbos de sonido propio que rezumaban aires mediterráneos y enérgica personalidad propia, lo que unido a la enorme sincronización con el cantante llegó a crear una de las asociaciones musicales españolas más productivas de la década prodigiosa.
Bruno alcanza el número 1
Los entonces omnipresentes y competitivos festivales de la canción ayudaron a Bruno a conseguir la cima de las listas de éxitos en todo el país. El cantante pop, ya sin los Rockeros, participó con desigual fortuna varias veces en la algarabía festivalera de la canción tan cara a esos años, siendo las del año 1966 en el VIII Festival del Mediterráneo de Barcelona con “Como ayer”, y la del VIII Festival de Benidorm con “Amor amargo”, los que acabaron haciendo de él una rutilante estrella nacional. Para la ocasión el artista de Játiva contó con composiciones de Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, los auténticos –y nunca bien ponderados– todoterrenos del pop nacional y que, desde luego, en el segundo de los casos, con la formidable “Amor amargo” iban a alcanzar una de sus cimas indiscutibles. Claro que el tratamiento que el caballero Bruno le dio al portento no era para menos. Grande.
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Bruno Lomas - Con Los Rockeros - Parte 1ª
Bruno Lomas - Con Los Rockeros - Parte 2ª
Las casas discográficas se lo disputan y finalmente es fichado por Regal, división española de la EMI inglesa. Durante 1965 va a publicar siete discos con muy buena aceptación, destacando temas como "La casa del sol naciente", "Comprensión" (ambas versiones del grupo The Animals) y temas propios como “Verano llegó”. Al final de aquel verano obtiene el segundo premio en el Festival del Mediterráneo con “El mensaje”, que supondrá la entrada en las listas de ventas nacionales.