jueves, 29 de agosto de 2013

Albatros - Albatros - LP Movieplay (1979)

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Albatros

Armonías vocales para una propuesta pop rock que llega cuando la década de los 70 tocaba a su fin. Eso fue Albatros, un suspiro con aromas a Crosby, Stills, Nash & Young, a campos de naranjos y a The Eagles.

La génesis del grupo hay que buscarla en el Instituto El Cid, de Valencia, donde en 1977 Vicente Chust -guitarra y voces- y José Manuel Moles -guitarra y voces- están a punto de finalizar el bachillerato. Pronto conocerán a Carlos Solís -bajo-. Ese año comienzan a ensayar los tres en Torrent, donde vive Vicente. Lo de encontrar batería fue más complicado y por aquel improvisado local desfilan varios baqueteros hasta quedarse con Pablo Morlán, aunque también tocó asiduamente con ellos José Payá.

Preparan una maqueta casera y gracias al concurso de algunos amigos consiguen hacerla llegar hasta las manos del productor más importante del momento, Gonzalo García Pelayo, que, aunque enfrascado en sus producciones de rock andaluz, aprecia la calidad del grupo. Gonzalo los mete de cabeza en el estudio de grabación para lo que será su único LP homónimo, "Albatros" (Movieplay, 1979). El disco va a tener una producción muy cuidada, participando en él músicos de la talla del saxofonista Pedro Iturralde. Fue grabado en los estudios Sonoland, de Madrid, con dos reconocidos técnicos de sonido a los mandos: Pepe Fernández y Ángel Gil. También la edición va a ser más lujosa de lo habitual, con funda interior coloreada, una portada de cuidada estética y fotografías muy bien escogidas. A pesar de todo eso, el disco sin poder ser considerado un gran fracaso, vendió mucho menos de lo esperado, si bien el single “De vuelta a casa” se asomó en algún momento a los puestos bajos de algunas listas de éxitos.

La Movida Madrileña explota en 1980 y pilla un tanto desprevenidos a Albatros y, en general, a toda la escudería de Gonzalo García Pelayo, cuyas propuestas musicales iban por caminos bien distintos. El grupo, en vista de la tibia acogida de su disco, decide desaparecer por un tiempo y dar por finalizada su carrera antes de finalizar 1980. Ya en ese momento por la cabeza de algunos de sus componentes bullía la idea de cambiar de estilo. Eso se produciría en 1982 al formar el grupo Vídeo, con el que por fin conseguirían la fama de los escaparates y las ondas de radio.




EL DISCO

Disco pleno de voces bien conjuntadas y guitarras limpias formado por una decena de canciones sin fisuras ni mediocridades, pero también sin un corte que destaque poderosamente sobre el resto.

El LP comienza con la canción que, a la postre, sería la más conocida del grupo y seguramente la que mejor cabe en los parámetros comerciales al uso. “De vuelta a casa” nos recuerda enormemente en sus voces a alguno de los temas de The Eagles, con un ritmo alegre, un acabado pulido y una batería con un sonido muy bien conseguido que conduce este viaje de regreso al hogar. Fue el tema elegido para encabezar el single estrella del grupo y, por tanto, la que más -casi diría que la única- que se escuchó en las FM de la época.

“Algo que descubrir” es una balada tierna, baja en almíbar innecesario. Una gran canción que merece la pena escuchar despacio, tal vez con la luz apagada, para paladear esas voces inscritas en un simplón pero efectivo ritmo muy bien conducido por el bajo. “No me quedaré” extiende las voces del grupo en varias grabaciones superpuestas. Un tema rítmico que contiene dos intervenciones del saxo muy breve e intensas ejecutadas por el maestro Pedro Iturralde.

Guitarras acústicas y armonías típicas del folk en “Despertar”. Sombras como nuestros Solera y Tílburi o los forasteros de Crosby y compañía planean sobre este buen tema sin batería en el que los arpegios de las guitarras dibujan el acompañamiento.

Aunque comprendo que es una opinión de lo más particular, “Algo nuevo”, que abre la cara B es el tema que más me gusta. Sus arreglos de viento en contraste con los punteos de guitarra y la voz que aquí se deja de florituras y saca un aire gritón me parecen conformar la pista más original del álbum. También el más cercano a una propuesta de genuino rock. En la misma línea endurecida encontramos los casi siete minutos de “Cada día”, un tanto estropeados al haber sido divididos en dos partes, pero en los que se hace patente que Albatros además de saber hacer voces, poseían unas guitarras notables.

El resto me parece escasamente destacable y, en algunos momentos, un tanto repetitivo y rozando la ñoñería. Las buenas voces se hacen en algún momento pesadas, al usar casi siempre los mismos intervalos armónicos. A destacar únicamente el saxo y el jugueton ritmo funky de “Sin mirar”.

Una obra de nivel aceptable, aunque ya en su momento un tanto anticuada, que tuvo, además, la desgracia de ser publicado en un momento de revolución musical en la que otros estilos eran más apreciados por los consumidores de música. Albatros demuestran ser una promesa de la música; sin embargo, deberían cambiar bastante y volver el oído a los nuevos vientos para unos años después reconvertirse en Video y vender un buen montón de discos.

Fuente: Julián Molero - laFonoteca.net



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